las 3 mentiras que nos estamos creyendo

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Introducción

Hoy te quiero hablar de las 3 mentiras más grandes que los jóvenes y la sociedad en general se quieren creer:

  1. Que la verdad no existe: no hay más que «tu verdad» o «mi verdad».
  2. Que amar es lo mismo que “afirmar”: «si me amas, tienes que aprobar lo que hago».
  3. Que la Biblia es un cuento de hadas, como cualquier otra historia de ficción.

Estas tres ideas son la pirámide “sagrada” de la cultura secular, y hoy quiero mostrar por qué cada una de ellas es falsa. Es urgente analizarlas porque están teniendo consecuencias nefastas en nuestra sociedad. Les están haciendo muchísimo daño a nuestros hijos y a nuestras familias, y tenemos que denunciarlas. Quédate conmigo hasta el final para entender mejor estas tres mentiras y saber refutarlas de ahora en adelante.


Mentira 1: «La verdad es relativa»

Empecemos con el relativismo moral: esa idea de que «toda verdad es relativa». Esta frase se usa para justificar casi cualquier cosa que alguien quiera hacer, por mala que sea. Porque si cada persona tiene su verdad, nadie podría decir que algo está mal… y todo vale.

¿Cuál es el problema? Si me dices «toda verdad es relativa», te contesto: «¡entonces eso también es relativo!». Es decir, si toda verdad es relativa, esa misma afirmación es relativa. Yo puedo rechazarla porque para mí no es verdad. ¿Me entiendes?

En la práctica, muchos dicen «toda verdad es relativa» excepto su propia afirmación. Ahí es donde se contradicen, pues reconocen que sí hay premisas absolutas, verdaderas siempre.

Cómo responder con sencillez:

  • Alguien dice: «No hay verdad».
    — Pregunta: «¿Eso es verdad?».
    — Si dice «sí», acaba de afirmar una verdad… que niega que hay verdades. Se auto-destruye.
    — Si dice «no», no hay por qué creer lo que dijo.
  • Alguien dice: «toda verdad es relativa».
    — Pregunta: «¿Esa frase es relativa o absoluta?».
    — Si es absoluta, se contradice.
    — Si es relativa, no obliga intelectualmente.

Muchos se sorprenden la primera vez que entienden esto. ¿Es obvio una vez que lo ves, no? ¿Por qué no lo vimos antes? Porque no nos enseñaron lógica básica en el colegio. Esta afirmación viola la ley de la no-contradicción: «dos proposiciones opuestas no pueden ser verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido». Como no estamos acostumbrados a pensar así, nos cuesta detectar mentiras con rapidez. Por eso, en este espacio insistimos en educación clásica cristiana: hay que traer lógica formal a nuestros estudiantes para que puedan detectar errores. Sigamos.


Mentira 2: «Amar es aprobar»

Definamos amor: amar a alguien es querer lo mejor para esa persona. ¿De acuerdo?

Mi mamá me demostró un amor inmenso cuando, a mis 15 años, se negó rotundamente a regalarme una moto (un regalo muy común en mi ciudad). Siempre le estaré agradecida: me protegió de un accidente casi seguro y de malas decisiones propias de la inmadurez.

Amar no es darle a la gente lo que quiere. Eso no es amor; es quitárselos de encima. Suena noble decir «si me amas, afírmame tal cual soy», pero el amor bíblico —el único que transforma— «no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad». Amar no es permitir aquello que daña al otro; amar es buscar su bien, aunque duela.

A veces amar exige decir “no”, plantarse en el camino del mal, advertir con firmeza. Jesús, amor encarnado, no confundió amor con aprobación: confrontó a líderes religiosos cuando fue necesario, denunció la hipocresía y, al mismo tiempo, extendió misericordia a pecadores arrepentidos. El patrón es claro: verdad y gracia, juntas.

Nuestra tentación moderna es callar lo que sabemos que es verdad «para no herir» o «no perder la relación». Eso no es amor; es autoprotección. Es egoísmo. Amar bíblicamente implica sacrificio: arriesgarte a incomodar para buscar el bien del otro. La pregunta es simple: «¿amamos lo suficiente como para decir la verdad cuando vemos a la gente yendo directo a un abismo?»


Mentira 3: «La Biblia es un cuento de hadas»

Se dice que la Biblia es un cuento y que la resurrección es un mito. Para responder, usemos un hecho innegable y una explicación histórica.

1) Hecho innegable: el origen del universo

El comienzo del universo fue un milagro: la aparición de algo desde la nada. Espacio, tiempo y materia surgieron de la nada. Si esto pudo pasar por la voluntad de Dios, cualquier otro milagro —resurrección, concepción virginal— es posible si Él quiere.

Hasta que no exista una teoría más fuerte que el Big Bang para explicar el inicio del universo, los cristianos podemos afirmar, fácil y coherentemente, que la causa del universo —atemporal, inmaterial, poderosa e inteligente— es Dios. No pueden refutarlo. Si Génesis 1:1 es plausible —«En el principio, Dios creó»—, entonces los milagros son posibles, no absurdos.

2) Explicación histórica: la mejor hipótesis para los hechos

¿Cuál explica mejor la cantidad de historias vergonzosas sobre los apóstoles registradas en el Nuevo Testamento?

  • ¿Que lo escribieron para ganar poder?
  • ¿O que pasaron de verdad y así quedaron?

Episodios como Jesús reprendiendo a Pedro como «Satanás», la cobardía de los discípulos al huir tras la crucifixión, la triple negación de Pedro, o el testimonio inicial de mujeres —cuyo valor legal era menor—… No convenía contarlas si todo fuese un proyecto humano para crear una institución poderosa. Esto no prueba por sí mismo la resurrección, pero sí sugiere que no escribían propaganda para quedar bien: contaban lo que sucedió.

Además, ¿cómo explicas que los discípulos pasaran de huir acobardados a predicar con valentía a costa de persecución y, muchas veces, la vida?

  • ¿Ambición de poder?
  • ¿O que vieron a Jesús resucitado y comprendieron que todo lo que dijo era verdad?

Las personas mueren por lo que creen que es verdad (aunque se equivoquen), pero nadie muere voluntariamente por lo que sabe que es mentira. De nuevo: no es una prueba absoluta, pero sí muestra sinceridad. Unido a los hechos vergonzosos de los evangelios, tenemos un caso acumulativo fuerte de que algo decisivo ocurrió. Ellos dicen que fue la resurrección de Cristo. ¿Por qué no creerles si hay evidencia de que no escribieron el NT por ambición personal, sino para compartir lo que vieron?

Hay más argumentos a favor de la resurrección, pero con estos —más el inicio del universo— queda claro que los milagros son posibles. Y eso ya es una gran ganancia frente a quienes bajan la Biblia al nivel del ratón Pérez o Papá Noel.


No es solo la cabeza: es el corazón

Tú y yo sabemos que todos los argumentos y recursos racionales muchas veces no bastan para desarraigar estas mentiras, porque la resistencia no está solo en la cabeza sino en el corazón. Las personas quieren hacer lo que quieren y buscan razones para rechazar el cristianismo, aunque podamos mostrar que es intelectualmente honesto.

Entonces, ¿qué hacemos?

  1. Orar y ayunar para que se caigan las escamas de los ojos.
  2. Enseñar lógica: ayudarles a detectar falacias y los problemas de las frases modernas que se repiten sin pensar.
  3. Recuperar el amor bíblico: mostrar que el amor corrige y reencamina, no solo «afirma» y «celebra».
  4. Robustecer la base histórica de la fe: por qué la resurrección es plausible, por qué el NT merece confianza, por qué el cristianismo responde al anhelo humano de verdad, bondad y belleza.
  5. Examinar motivaciones: ver si estas «mentiras» sirven para justificar estilos de vida que no son buenos, que saben que no son buenos, pero no quieren dejar; por eso se esconden detrás de «mi verdad» y «si no me afirmas, no me amas».

Recurso gratuito para pensar con claridad

Para ayudar a la iglesia a pensar críticamente, hemos dejado en la caja de descripción un enlace para descargar un mapa de lógica básico con los conceptos elementales con los que debemos analizar las ideas y premisas que el mundo nos lanza constantemente. Es un gran recurso para enseñar a tus hijos desde pequeños. Compártelo con quien quieras para que también puedan acceder.

👉 Descarga aquí el “Mapa básico de las 3 leyes de la lógica” para empezar a pensar de una manera que te permita detectar estas mentiras más fácilmente.

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